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Teaser "Gabor"

Ficha técnica

 

  • Dirección y guión: Sebastián Alfie
  • Producción Ejecutiva: Albert Solé
  • Director de fotografía: Angel Amorós
  • Edición: Fernando Guariniello
  • Sonido directo y mezcla: David Mantecón
  • Cámara: Belén Rodríguez
  • Dirección de producción: Cristina López, José Huedo
  • Diseño gráfico y títulos: Artemio Buneta
  • Productora: Minimal Films S.L.
  • Formato de grabación: HD
  • Duración: 55 minutos
  • Idioma original: Castellano
  • Localizaciones: Barcelona, Madrid, Bombay, La Paz

Gabor "making off"

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SINOPSIS

Esta es una historia de amistad entre un joven y prestigioso realizador de publiciad y un director de fotografía ciego. Entre Sebas y Gabor.

Gabor es un cineasta húngaro afincado en España que vive de alquilar cámaras de alta definición desde que perdiera la vista en un rodaje hace 8 años.
Sebas decide hacer un documental contando la vida de Gabor: su adolescencia en la Hungría comunista, su fuga a través de la frontera con papeles falsos, su trabajo como director de fotografía, la pérdida de visión mientras filmaba... Al filmar a Gabor, Sebas se da cuenta de que, a pesar de su ceguera, Gabor sigue pensando como un director de fotografía. Sebas encuentra que puede ser un colaborador único y le propone que filme con él. El documental da un giro y se convierte en metalenguaje: se filma la relación entre ambos personajes y sus discusiones acerca del rodaje.

Juntos han de conseguirlo, resolviendo un pequeño detalle: si Gabor no puede ver, ¿cómo hará para poder filmar? Sebas será sus ojos y Gabor aportará toda su experiencia.



CARTA DEL DIRECTOR

Aún antes de conocer a Gabor sabía que su historia era demasiado interesante como para no contarla. Un director de fotografía que se queda ciego no sólo es una broma muy cruel del destino, es una metáfora en sí misma. Luego, al conocerlo, me dí cuenta de que más allá de la historia había una personalidad rica y compleja, una lucha de superación. Y me propuse mostrarla.

Gabor Bene no sólo perdió la vista hace ocho años, en ese mismo momento perdió también su herramienta de trabajo y su sustento. Sin embargo, en vez de abandonarse en la autocompasión, salió adelante con una fórmula infalible: riéndose de sí mismo. Como dice Gabor refiriéndose a su nueva profesión: “que yo pueda arreglar una cámara de cine por teléfono habla mucho de cómo está el mercado audiovisual”. O, quejándose de lo rápido que pierde valor lo que invierte en sus cámaras: “si lo se me hago anticuario”.
En “Los abrazos rotos” el personaje del director dice “ya me quedé ciego, ¿qué es lo peor que me puede pasar ahora?. Este sentido del humor ante lo inevitable y esta forma de encarar los temas difíciles coinciden con el tono de mis otros proyectos cinematográficos, mis cortometrajes y, ya más en profundidad, con la filosofía en la que creo y me dio la pauta de que no me había equivocado al elegir este tema.

El cine sobrevoló nuestras charlas todo el tiempo. Gabor vio su última película hace ocho años. Su memoria le permite recordar escenas, y como ocurre en estos casos, al perder la vista mejoró considerablemente el acceso a su memoria visual. Esta particularidad me dio la idea de hacer un juego, de hecho lo hicimos en uno de nuestros primeros encuentros: yo proyectaba una película y a partir de lo que iba escuchando, Gabor me iba describiendo lo que recordaba de cada escena, con lujo de detalles. Ejerciendo un fino sentido de crítica cinematográfica, las escenas que no podía describir plano a plano se debían, según Gabor, a que “no serían esenciales para la película”.
Apareció frente a mí el personaje en toda su dimensión. Gabor no sólo era un director de fotografía que se quedó ciego. Es una persona con una gran preparación, con una posición filosófica y política, fruto de haber estudiado cine y fotografía en una época y en un lugar en los que tener una cámara en la mano implicaba querer decir algo. Y algo que, luego, podía costar muy caro.
Durante una charla Gabor me recomendó un libro de un escritor soviético, Bulgakov. Hay un dato sobre éste libro que me resultó muy significativo: el manuscrito de esta novela se quemó y Bulgakov tuvo que escribirla de nuevo, de memoria. Pensé que si un escritor podía escribir una novela de memoria, quizás un director de fotografía podía hacer lo mismo, filmar desde su memoria. Me propuse hacer avanzar la historia con una pregunta por lo menos insólita: ¿podría Gabor volver a participar en el equipo de un proyecto cinematográfico?

Además de tratarse de alguien con una gran memoria cinematográfica y con muchos conocimientos técnicos, yo sospechaba que si encontrábamos la manera de integrarlo en nuestro equipo, cuando abriéramos esa puerta me encontraría con un gran caudal de energía y amor por el trabajo, capaz de inspirarnos a todos. Y así fue. Con la diferencia que fue él quien nos integró a nosotros en su equipo.
En ese momento, frente al desafío del día de rodaje, pasó algo muy satisfactorio y que yo íntimamente deseaba: todos los del equipo dejaron de ver a Gabor como un invidente y pasaron a aceptarlo como un colaborador, alguien valioso para avanzar por este terreno, desconocido para todos salvo para él. Fue un día muy especial para todos. Y como dijo Gabor, volver a filmar fue “como estar en casa... mejor que estar en casa”.